Funeral.

Monday, December 01, 2008
Posted by Rich.

A veces me pasa que voy caminando, pateando piedras, y de repente veo venir a unos cuantos metros un cortejo fúnebre, en el mejor de los casos veo los autos y la cantidad de los mismos que conforman caravana, si vienen Mercedes Benz, BMW’s y demás teutones está claro que no fue cualquier Juan Pérez el que se murió, si viene a la cabeza una camioneta del DIF con el tradicional símbolo de las carrosas fúnebres- ese que se parece al que denotan a las integrales- , está claro que era un jodido , así me puedo dar cuenta de la clase del difunto y de lo popular y querido que era, veo las expresiones de las personas dentro de los autos, abundan las gafas oscuras y el rímel corrido por los rostros femeninos, todo en un silencio sepulcral, que pinche ironía. En el peor de los casos tengo que cruzar rápido la pinchi calle porque si no me quedo del otro lado sin poder cruzar hasta que el ultimo vehículo pase.
Esta semana pasada tuve el infortunio, por así decirlo, de participar en el evento desde adentro, desde un cortejo fúnebre, el padre de una amiga falleció, víctima de un penoso y crudo cuadro de cirrosis, eso me recordó que mi abuelo murió de la misma manera, el pulque es traicionero, hay de aquellos débiles que se dejan seducir por las garras del aguamiel fermentada del maguey mexicano. 
Honestamente no tenía muchas ganas de ir, por muchas razones, la gran mayoría eran perfectamente justificables desde mi punto de vista, todas menos la hueva que me invadió, aunque esta era derivada de las demás razones. 
La más importante quizás sea que en esos momentos, nada de lo que diga alguna persona te hará sentir mejor, nada.
Los padres de mi amiga tenían años de divorciados y de no saber nada el uno del otro, mi amiga misma veía a su padre una vez al año, ergo, mi sentido de lógica me hizo pensar que probablemente no se trataba de un golpe duro para ella.
 En los 16 años que tengo de vida nunca de los nuncas he ido a un evento de esos, no tengo idea de que decir ni qué actitud tomar, no sé si aplicar lo que veo en la televisión sea lo mejor.
En fin, entre otras esas fueron las más importantes, creo.
 Después de rogar un poco y tratar de jugar un poco con mi conciencia decidí que lo más conveniente sería ir, por curiosidad y por lo que se pudiera ofrecer.
Fuimos por mi amiga y su mama a la iglesia, no entré por las diferencias que todavía tengo con él, aunque todo va en buenas vías, después empezó la caravana al panteón, y todo iba en completo silencio, aunque mi amiga no se veía como para calificarla de terriblemente triste no tuve los huevos para romper el hielo con el tradicional “¿Porque tan serios? ¿Vamos a un entierro o que pedo?” así que los demás kilómetros al panteón fueron en silencio también.
No recuerdo cuando fue la última vez que fui a un cementerio, creo he ido solo un par de veces, ninguna de ellas con goce de razón, pero debo admitir que el panteón de la cárcel, del pueblito este, está feo, feo con ganas, y vaya que no esperaba un cementerio como los de la tele, pero este si está bien Federico, quizás algo tenía que ver que acababa de llover y las colinas donde están las tumbas parecían estar al borde de un deslave y que las cajas se cayeran y se voltearan y todos los cadáveres se salieran, de verdad que estaba muy deteriorado.
Ya en el entierro por primera vez vi el proceso del mismo, tenía mucho tiempo que no veía un cuerpo sin vida, nunca había visto a alguien llorar por una persona muerta, vi la mirada triste y desconsolada de una madre, un par de lagrimas de mi amiga, y la costumbre de echar cada quien un puño de tierra a la zanja, vi a alguien que parecía ser otro hijo del difunto, acariciando la cabellera del mismo, sabía que sería la última vez lo podría hacer, por más que intente no pude ponerme en sus zapatos, no pude.
Después, el momento crucial, el descenso del cuerpo al lugar donde pasaría el resto de la eternidad en el mejor de los casos, las lagrimas se dejaron venir en un torrente, el concierto de sollozos, los pañuelos al rostro de las señoras, los pocos hombres con gafas se las quitaron y dejaban caer las lagrimas a la tierra mojada y suelta del camposanto, algunos tapaban su mirada con una sola mano, un ojo con el pulgar y el otro con el índice, esto para exprimir sus ojos de agua salada, porque en esos casos lo mejor es llorar, no me consta, pero parece lógico.
A diferencia de Woody Allen, a mi si me da miedo la muerte, nunca pienso en ella, pero le tengo miedo, en lo de no querer estar cuando suceda estoy totalmente de acuerdo.
Rich. 

3 comments:

Pinche Vieja said...

Si, tu, el puberto dieciseisañero te dicen.

A mi tmp me gustan los funerales: creo que en todos mis pito mil años de vida solo he ido a dos.


Lo mejor que uno puede hacer en esos casos es estar ahí. Y en tu caso, tratar de cerrar el hociquín (:

NTQVCA said...

Lo terrible de ir a funerales, aún cuando no concozcan al muerto, es ver el dolor de la sus seres queridos, no puedo soportar eso.

Mar said...

"De la clase del difunto y de lo popular y querido que era". Creo que te equivocas. Quizá puedes imaginarte qué tan pudiente o no era el difunto, pero no cuánto se le quería. Al menos no por el tipo de coches que traen los allegados.

Pero bueno, el punto es...
¿A qué va uno a un entierro?
A mí la verdad me molesta -sin afán de ofender- la gente que va para cumplir con un requisito social. Creo que en el momento en que estás discerniendo entre ir o no ir, ya no tiene validez tu asistencia porque no es sincera. Y la verdad, la gente que está sufriendo por la pérdida de alguien querido, lo que más necesita es apoyo sincero.

¿No?

Digo, recientemente tuve el infortunio de asistir al funeral de un familiar y me hizo sentir incómoda la gente que estuvo ahí sin tener realmente una razón afectiva para estar allí.

No sé qué sea lo correcto, pero al menos eso pienso yo.